La respectiva entrada postelectoral

Les confieso algo. Hace hasta hace pocas horas pensé que lo que iba a estar escribiendo ahora iba a ser totalmente diferente. Alcanzar la mayoría calificada de 2/3 no me lo veía ni en el mejor de lo sueños. Eso me ha mantenido en un estado de bienaventurado shock que creo que aún nada que se me pasa. La Asamblea Nacional venezolana será de mayoría opositora, lo que constituye el más importante éxito político de los factores opositores desde 1998 y un verdadero freno a las políticas socialistas del gobierno chavista.

Mis expectativas para este proceso electoral eran muy bajas. La parcialidad y tendencia al fraude del árbitro electoral, el Gerrymandering, el Malapportionment, la desvinculación del voto lista al voto nominal, aunados a la poca claridad de criterios de la MUD en elegir sus candidatos eran un coctel que presentaba un sombrío panorama. Tal como ya pasó, me esperaba una minoría que rozara la mitad por el lado de abajo y una dirigencia opositora que se daba por satisfecha, manejando un discurso conformista edulcorado con consuelos menores, como el “ganamos Barinas” del último proceso electoral. Afortunadamente, me equivoqué en el sentido de que saldríamos perdiendo, pero resulta que poéticamente, el efecto de la manipulación de circuitos y demás trampas se le revirtió al mismo gobierno.

Si se confirma el secreto a voces, habrá al menos 112 diputados opositores en nuestro parlamento a partir de enero de 2016. Está la mesa servida para el cambio que ofrecieron durante la campaña electoral.

“Cambio”. Hermosa palabra de incompleta intención. ¡Cómo se presta a la demagogia! Pero aquí, la demagogia nos encanta. Estamos claros, hay que cambiar. Hay que quitar lo que está para poner otra cosa. ¿Pero cuál otra cosa? Ahí está la interrogante que se nos viene.

¿Qué será para mí un verdadero cambio? En el entendido de que el estado mínimo liberal que añoro no es aplicable bajo el sistema político actual y hay que tener paciencia para llegar a ello, yo particularmente no entiendo un cambio que no pase por los siguientes aspectos por lo pronto:

  • Ley de amnistía para todos los presos y perseguidos políticos con la restitución total de sus derechos.
  • Nombramiento de nuevos rectores del Consejo Nacional Electoral que tienen ya su periodo vencido: Tibisay Lucena y Sandra Oblitas. También, declarar nulo el nombramiento de Socorro Hernández que a mi juicio es antirreglamentario dada su condición de exministra.
  • Convocatoria inmediata a Referendo Revocatorio para el Presidente de la República en 2016. Es fundamental desalojar del poder ejecutivo a quien ha secuestrado el resto de los poderes. Este Referendo Revocatorio debería ocurrir bajo un CNE ya sin Lucena, Oblitas y Hernández.
  • Establecimiento del marco legal que deje sin efecto el control cambiario.
  • Derogatoria de Ley de Precios Justos y con ello el fin del control de precios.
  • Reforma a la Ley Resorte para socavar la hegemonía mediática pro PSUV.
  • Reforma a la Ley Electoral para la eliminación del Plan República y el regreso al voto manual.
  • Establecimiento del marco legal (reformas de código penal, etc) para el para reducir las alarmantes cifras de impunidad que existen en el país.
  • Declarar nulo el nombramiento del Defensor del Pueblo dada su condición de exmilitante de un partido político. Nombramiento de un nuevo titular, así como también de un nuevo contralor.
  • Nombramiento de comisiones para la investigación de las denuncias de corrupción que pesan sobre varios funcionarios públicos, no sólo asociados al gobierno, así como para la interpelación de ministros y demás funcionarios. Mención especial para los del Banco Central de Venezuela, en aras de que rindan cuentas sobre la impresión de dinero inorgánico, ocultamiento de cifras, etc.

Más adelante, bajo un nuevo gobierno y estabilizando los problemas más graves que aquejan a nuestra sociedad, habrá momentos para reformas presupuestarias más específicas y decisiones ejecutivas importantes, y hasta pudiéramos pensar en una reforma constitucional que haga más liviano al pesadísimo Estado socialista que nos oprime hoy.

Más allá de todo esto, debemos entender que el país que tenemos sigue siendo el mismo que había antes de 6D. Este ha sido un paso muy importante en la dirección correcta, pero aún falta mucho para la recuperación total de nuestra libertad. Esto dependerá de los acuerdos a los que llegue la Asamblea Nacional en sentido de aproximarse a los 10 puntos antes descritos. No sólo por el hecho de ser la MUD y oponerse al régimen hay que dejar de exigirles. Señores de la MUD: ahora es que les viene trabajo del bueno.

Sería providencial aprovechar la oportunidad para reflexionar sobre el país que queremos ser y de nuestros valores como sociedad. Que nuestra clase política es un reflejo de nosotros mismos, que el populismo al que nos han sometido viene de que éste nos ha convencido y de que somos adictos a la demagogia. No estamos yendo al análisis del argumento y esencia de la propuesta que nos presentan, sino nos quedamos en “aquel habla bonito”, “éste las tiene bien puestas”, “me gusta su discurso”, “se las cantó a no sé quién”. Debemos decidir ir a lo concreto y presentar con el mayor de los respetos nuestros acuerdos y desacuerdos sin dejarnos llevar por la demagogia que nos trajo hasta aquí.

Empaquetamiento ideológico: El caso del aborto.

Parte de la metamorfosis no kafkiana (ojalá) que estoy viviendo pasa por la identificación ideológica-política-filosófica que he asumido los últimos tiempos. Vivir esta época tan convulsa que le ha tocado a Venezuela lo ha hecho crítico y a la vez difícil. La intolerancia se ha puesto de moda y eso desde luego lo complica. Afortunadamente he decidido, porque en parte es una decisión, no tenerle miedo a ello y asumir una postura de pensamiento independiente que sólo debe convencerme a mí mismo. Pero el camino para llegar a eso no es tan fácil.

Hace pocos años andaba yo por ahí diciendo que era “socialdemócrata”. Hoy hasta un poco de pena me da, pero ese tema lo trataré en otro post. Lo cierto es que lo que llamo “empaquetamiento ideológico” siempre fue algo que me causó escozor. “Si estás de acuerdo con la postura A, debes estar de acuerdo con la postura B, aunque dichas posturas no tengan nada que ver la una con la otra”. En esas aguas tan viscosas se me dificultó siempre nadar. Decidí que no nado más en ellas.

Sé que la base cultural y argumentativa en mi formación está aún incompleta y me falta mucho por leer y reflexionar, pero el camino que en esta etapa de mi vida he decidido transitar tiene un fin ya creo que ineludible. Hace algunos meses descubrí, oculto entre pesadas rocas de censura, intolerancia y descalificación, el pensamiento liberal y libertario. Desde luego, las redes sociales y esta bendita (sí, bendita) era de la información jugaron un papel fundamental en que lograra entender mejor de qué se trataba y no tuviera miedo a conceptos infundados. Seguramente en otros post hablaré de mi proceso, aún en sus inicios, de transición de ese muchacho “socialdemócrata” que se convirtió en pichón de libertario.

Pero quiero llegar al meollo del asunto que motiva este preciso post. Hagamos un resumen rasante e hiperforzoso: El hombre como tal posee tres derechos inalienables e independientes de toda otra condición: Vida, libertad y propiedad. Los demás derechos que se pueden tener no necesariamente son independientes de alguna otra condición. De allí se desprende la idea de que nadie tiene derecho inalienable sobre la vida de alguien más ni sobre su libertad. Todos somos libres mientras su libertad no comprometa la libertad de otro, ya que el otro, también es tan libre como usted. La libertad siempre fue algo que valoré enormemente aún desde mi época de socialdemócrata confundido. La valoración de la libertad siempre estuvo en mí aunque no fuera tan consciente de cómo llegué a ello, por eso se me hizo potable todo lo que descubrí a la postre.

Así, aceptando que vida, libertad y propiedad son los derechos fundamentales del hombre, se determina que usted, dueño de su vida y de su cuerpo, es libre de hacer lo que quiera con él siempre y cuando no comprometa la vida, libertad y propiedad de otro. Allí se fundamenta que el pensamiento libertario esté a favor de la unión de personas del mismo sexo, de la transexualidad, y de la adopción por parte de parejas homosexuales. Es muy sencillo: usted hace lo que quiera con su cuerpo siempre que no comprometa a alguien más.

Para los argumentos en contra de ello (preceptos religiosos y condición de “antinatura” de lo mencionado) también tengo frescos y preparados los respectivos contraargumentos, pero también los dejaré para otro post, porque si no haré éste muy largo. Lo cierto es que ahora (porque confieso que no siempre pensé así) estoy a favor de esas reivindicaciones sociales a las que poco a poco nos iremos aproximando como sociedad, pero aquí es donde quiero liberarme de lo que llamé “empaquetamiento ideológico” al principio, porque algo que en lo que sí estoy en contra y no puedo defender dentro del marco ya especificado es algo que, no sé por qué, viene habitualmente empaquetado con lo anterior: El tan traído y llevado aborto.

No sé por qué lo empaquetan. El aborto poco tiene que ver con una acción del individuo sobre mismo, porque el aborto se ejecuta sobre alguien más. Sobre el mismo marco definido: Sí. Usted tiene derecho a hacer lo que quiera con su cuerpo, pero no sobre el cuerpo de otro, que es el que está por nacer. Su “derecho a elegir interrumpir un embarazo” (que no se fundamenta en la terna vida-libertad-propiedad) no puede estar por arriba del derecho a la vida del que está por nacer, porque sí, un óvulo fecundado ya es vida. ¿La propiedad sobre su propio cuerpo? Sí, usted la puede ejercer como quiera siempre que no comprometa la vida de otro y en este caso dentro de su cuerpo hay otro individuo con los mismos tres derechos a la vida, a la libertad y a la propiedad; que vaya que no apareció allí por arte de magia.

Además de todo lo dicho, entiendo que esta discusión no se puede simplificar al máximo, porque aquí me permito clasificar el tema en cuatro casos:

1) Malformación del feto que lo haga incapaz de nacer o vivir y ponga en riesgo la integridad de la madre.

2) Alguna otra situación de salud que ponga en riesgo la vida de la madre, como el embarazo ectópico.

4) Aborto “porque no fue mi decisión ser madre” ya que fui violada.

3) Aborto porque “libérrimamente decidí no ser madre” ya que “no me protegí o se rompió el preservativo y no quiero ser madre”.

Para no convertir la discusión en una guerra maniquea tenemos que estar claros de que estos cuatro escenarios son diferentes. Mi opinión es que la despenalización del aborto es procedente en los dos primeros, pero no me termina de convencer para los dos últimos.

Uno de los contraargumentos favoritos de los abortistas es “si la mujer que quiere abortar fue víctima de violación, no decidió ser madre y así que tiene derecho a interrumpir el embarazo” no hace ni mella sobre el argumento del derecho a la vida. Además, yo quisiera saber estadísticamente cuántos casos de violación terminan en un embarazo sano. Me aventuro a decir que muy pocos. En todo caso, si usted fue violada (cuente con toda mi solidaridad ante tan horrendo hecho) y está ante una situación de un embarazo sin riesgo, va a tener que continuar con el embarazo porque no es justo que un inocente pague por el crimen que cometió otro.

Bajo ningún concepto apruebo el aborto en el cuarto escenario y lo hago sin ápice de solidaridad. Es irresponsable la posición de “aborto porque me da la gana”. Hay miles de maneras de evitar el embarazo. No son infalibles, claro está, pero el porcentaje de falla es muy bajo. Y si usted ni intentó protegerse, pues, menos que menos. Allí está usted, embarazada, corriendo con las consecuencias de sus actos.

La historia no termina aquí, porque también hay una diferenciación importante que hacer: Una cosa es ser madre y otra es vivir un embarazo. No es lo mismo. A pesar de todo, una vez nacido el hijo no deseado, existe la alternativa de dejarlo en adopción si usted considera responsablemente que no está preparada para ser madre. Seguramente muchas familias lo agradecerán. Allí es donde hay que trabajar, porque a veces se nos olvida que esta alternativa existe. Es totalmente válida y con ello toda la discusión deriva en la deseable situación de que no es necesaria la violación al derecho a la vida de alguien que está por nacer, ya que la hoja de ruta está clara y definida.

No, amigos “progresistas”. No me siento con ustedes ante la despenalización del aborto en cualquier condición bajo el argumento incompleto de que “la mujer es libre de decidir” ya que se les olvida que esto no se trata de algo que sólo la afecta a ella. Afecta a alguien más y allí priva el derecho a la vida que todos los humanos tenemos. Fíjense que no estoy esgrimiendo ningún argumento religioso o dogmático a los que a ustedes les encanta enfrentarse, porque son muy fáciles de rebatir. Estemos claros de que una cosa es el aborto terapéutico (bajo los escenarios 1 y 2 antes mencionados) que ya es legal en casi todo el mundo, y otro es el “aborto porque me da la gana”, con el que no me puedo solidarizar. Sí me siento con ustedes ante cualquiera de las demás reivindicaciones sociales que defienden: Matrimonio homosexual, reconocimiento de la identidad elegida del transgénero y adopción por parte de familias homoparentales, y el aborto terapéutico en las condiciones ya definidas, para que sea despenalizado donde aún no lo está. Rechazo el empaquetamiento ideológico en causas que no tienen que ver la una con la otra y que hasta contradictorias se me hacen. Hombre, si quieres que todo el mundo aborte libremente ¿A quién van a adoptar las parejas homosexuales que quieren tener hijos? ¿No les parece ilógico?

Al final de todo, sólo esto es la exposición de mi opinión ante el hecho de que tenemos que racionalizar y entender, aspecto por aspecto, una controversia que es necesario superar. Humildemente ofrezco esta hoja de ruta que nos ayude a establecer acuerdos entre ciudadanos y a seguir avanzando como sociedad ante los retos que en este siglo se nos presentan.

Te dedico esta canción

 “El ingeniero que desvía el curso de un río o aplana a dinamitazos la montaña para que pase una carretera deber sentir algo semejante a lo que aspira el filósofo o el poeta cuando quiere que su obra cambie también el proceso de la sociedad y engendre una realidad nueva”

Mariano Picón Salas en Regreso de Tres Mundos

Una falla de mi carro me hizo optar por seguir a mi destino usando el transporte colectivo. Era un caluroso mediodía caraqueño en el cual ya varios niños uniformados se veían en la calle saliendo de sus colegios o liceos. En esa camioneta medio vacía iba yo, solo en un asiento, cuando en una de las paradas se suben el par de niños en cuestión. Ella, de azul claro. Él de blanco. La conversación que llevaban  mientras se sentaban en el asiento contiguo al mío del otro lado del pasillo, aunado al parecido físico entre ambos, me sugería que eran hermanos. La hermana mayor con ínfulas de mamá instruía a su hermanito en lo que debían hacer para llegar a casa varias paradas más adelante cuando se bajaran. Él asentía y luego de aclaradas las instrucciones hicieron silencio. Daban paso al fondo musical que existía en la casi vacía camioneta.

No sé quién diablos era el intérprete de la canción que sonaba. Si Wissin, Yandell, Daddy Yankee, Don Omar o cuál de la caterva de reguetoneros de moda en aquella época era el que se escuchaba durante el trayecto discontinuo de la camioneta. Los conozco poco y de hecho no sé si escribí bien sus nombres (¿Nombres? ¿O apodos?).  Sabemos que son los acostumbrados ritmos que existen en esas unidades, que dependen únicamente del capricho y decisión musical del chofer. Lo cierto es que en lo que a mi modo de ver respecta, sólo tienen algo de sentido en una tardía fiesta entre amigos luego de algunos tragos que sirvan de anestésico auditivo para tan difícil manifestación sonora.

El hermanito menor empieza a tararear. Sin duda se sabe la letra. Sí, es difícil no pensar en lo rocambolesco, por decir lo menos, que suenan las prosas reguetoneras, matizadas con expresiones sexuales, en boca de un chamo tan pequeño. Pero me motivó a entender lo que empecé a entender cuando le espetó a su hermana mayor, no sin un dejo de lo que para él es ternura y la mejor de las intenciones, un “te dedico esta canción”.

Me dirán que soy un exagerado, pero sentí que mi sangre bajó su temperatura ante la que podríamos llamar, a riesgo de sonar dramático, la incestuosa dedicatoria. ¿De dónde saca un chamo de sexto grado (o menor) la idea de dedicarle un reguetón así a su hermana? Luego de reflexionar un rato, la respuesta a mi inquietud era obvia: Los chamos de hoy no leen poesía.

La verdad, creo que no leen nada, pero me aventuro a decir que dentro de lo poco que leen, la poesía se lleva el gajo más pequeño del gráfico de torta, siendo éste cada vez menor con el paso del tiempo. A riesgo de sonar fatalista, ya en mi época de escolar, la poesía era desprestigiada por muchos, siendo tachada de amanerada y pavosa, y quienes la valorábamos y acostumbrábamos a leerla éramos objeto de lo que hoy llamamos bullying. Pero lo cierto es que con el paso del tiempo y la llegada de la madurez, hemos acudido a ella ante tesituras en el terreno de las relaciones afectivas interpersonales. Nos hemos visto reflejados en una prosa, en un soneto, en una copla. Alguien por allí escribió de manera vivaz lo que estaba dentro de nosotros y que no podíamos colocar en palabras que aclararan nuestro entendimiento. Así se nos presentaba un punto de apoyo objetivo para manejar lo que llevamos dentro, llámenlo amor, alegría, esperanza, tristeza, miedo, ansiedad, y un largo etcétera. Ese punto de apoyo objetivo viene soportado por lo que leemos, escuchamos y valoramos. Por ello, a este chamo, que sólo escucha a Güisyn y Llandhel (ahora creo que sí escribí bien sus nombres ¿no?), no le podemos pedir que exprese su afecto hacia su hermana de otra forma. Estarán de acuerdo conmigo en que hizo tal dedicatoria en buena lid, apoyándose en lo que él conoce como arte (!?), en lo que para él es expresión de belleza. Su hermana la recibió el silencio. Me hubiese encantado saber qué pensaba.

A todas estas me veo obligado a hacer la advertencia a mi entorno. Señores, cuidado. Si no le encontramos competencia artística a la subcultura imperante, estamos, por omisión, criando potenciales patanes, dejando a mentes en desarrollo formular su punto de apoyo emocional en lo que escuchan por ahí, que no vamos a poder controlar ni suprimir, pero que tan inapropiado se nos hace. Este niño en el futuro será el joven que cortejará a tu hija. Sí. ¡A la tuya! ¡A tu hija le va a parecer romántico, artístico y poético una rola de Weezyn y Jeandel! Si sigue formando su mente en el caldo de cultivo que está allí y que no podemos cambiar. Sólo podemos competir y vamos en franca desventaja.

No quiero convertir a esto en una disertación moral sobre si el reguetón (que a todas estás, tampoco sé cómo se escribe) es bueno o es malo, si hace apología la cosificación de la mujer, banaliza de las relaciones humanas, o reivindica la marginalidad. Son discusiones que me aburren a sobremanera y dependen de la escala de valores de cada quien. Tampoco pretendo iniciar una campaña para la supresión y erradicación de ningún ritmo en particular, ya que no es mi estilo prohibir cosas a la ligera. Lo que sí quiero rescatar en mi entorno, fuertemente influenciado por gente de formación ingenieril, científica, lógica e “izquierdocerebral”, si me permiten el término, es el papel primordial que juegan de las bellas artes en nuestro desarrollo personal. No sólo de números vive el hombre. En las bellas artes se fundamenta nuestra dimensión emocional y espiritual, nuestra manera de pensar, nuestra manera de expresarnos y por consiguiente, de interactuar y de ser vistos.

Piense en esto cuando se le ocurra subestimar alguna manifestación poética que llegue a sus manos. Para algo sirven. Para mucho.

Porque algún día tenía que hacerlo

Ya son varios los años desde que aquel simpático intento llamado “ClanDIEZtino” no presentó más entradas. Mi compañeros y yo lo disfrutamos, sí, pero esto es verdaderamente un trabajo que demanda tiempo y esfuerzo considerable… Esa fue la principal excusa que me ponía para no abrir este blog… Hasta que no lo soporté más. Necesito escribir.

Este blog no estára limitado al deporte, aunque seguro algo de él habrá. El nombre “Reflexiones Matutinas” surge de los tiempos de estudiante de pregrado de Ingeniería Electrónica en la Universidad Simón Bolívar, en Caracas, Venezuela (Sí, espero que me lean desde otros países.  Soy un sinvergüenza). En clase de Comunicaciones I, un excelente profesor que tuve se refería a una función de compansión creada por él como “Función de compansión germánica”. Y aclaraba: “No crean que es porque es alemana… Es porque es de Germán”. Mucha gracia me hacían aquellos comentarios del buen Germán González en las aulas de la USB.

Un buen día, en horas de la tarde allá en el “cafetín Amper” de la misma USB hacía mi acostumbrada pausa vespertina con un café marrón en vaso de 16 onzas. El entrañable “café extragrande” del Amper que era la cantidad mínima que requería para reponer energías luego de medio día de tesis, trabajos o de cualquiera de las muchas actividades que llevé adelante en mis tiempos de estudiante. No ya tan sorprendido con las cantidades de café que acostumbraba yo a ingerir, se aparece de golpe un gran amigo de esos días. “¡Epa Matute! ¿Tu acostumbrado café matutino?”. Me preguntó. A lo que yo ingenuamente contesté: “¿Qué matutino, chamo? Si son las cuatro de la tarde”. Seguro influenciado por el particular verbo del mismo profesor, me aclaró: “No lo digo por que sea de la mañana, chamo, sino porque esa es la tremenda ‘dosis Matute’ de café que siempre engulles tú, mal pega’o”.

No “matutino” de la mañana… “Matutino” de Matute…

Vaya que no es en la mañana el momento del día en el que estoy más reflexivo… “Reflexiones Matutinas” será algo muy mío, muy personal, sobre disertaciones que sostiene Matute con Matute, Arnaldo con Arnaldo, pero que siento que deben ser drenadas por los dedos no necesariamente en busca de aprobación. Ni tampoco de difusión ni información y ni con ánimos de jugar al periodista, como sí hacía con ClanDIEZtino. Tal vez en búsqueda de aclarar mis propias inquietudes con la herramienta de la escritura, que tan liberadora se me antoja. En esta etapa tan crítica y transformadora de mi vida, creo que volver a las teclas (iba a escribir “volver a la pluma”, pero ya no aplica) me ayudará a desenredar el complejo laberinto que a veces construyo en mi mente.

A lo mejor lo que saldrá por aquí no está pensado aún. De aquí puede salir cualquer vaina.

Avisados…